Toda poesía es una cápsula expectorante

Todas las turbinas logran pasar por delante
Todo lo que pasa por delante logra escapar
Todo lo que logra escapar se queda en algún recuerdo
Todo lo que queda en algún recuerdo nos persigue
Todo lo que nos persigue logra encontrarnos
Todo lo que logra encontrarnos nos asfixia más tarde o más temprano
Todo lo que nos asfixia logra hacer coreografía
Todo lo que logra hacer coreografía nos mueve
Todo lo que nos mueve es un espanto fugaz que pasó hace tanto y nos sobrevive
Todo lo que nos sobrevive pasa frente al cuerpo ajeno como vapor
Todo lo que logra hacerse vapor resiste y humedece
Todo lo que humedece alimenta a lo vegetal
Todo lo vegetal es un relato ambiguo
Todo lo ambiguo gesta oxígeno de día y ampara al carbono de noche
Todo carbono nocturno nos ayuda a pensar en la oxidación de lo vital
Toda oxidación de lo vital es un momento
Todo momento es una turbina que logra pasarnos delante y recomienza

Todo lo que recomienza no existe
Todo lo que no existe hace relato
Todo relato hace existir
Todo existir logra la mentira
Toda mentira puede verse a sí misma como total
Toda totalidad es una forma de anular
Toda anulación fabrica peste
Toda peste hilvana miedos
Todo miedo pasa del cerebro a la sangre
Toda sangre permanece cargada de memoria
Toda memoria logra quebrar al abismo
Todo abismo es necesario
Toda necesidad es un motor
Todo motor logra emular un funcionamiento
Todo funcionamiento da certeza
Toda certeza se escurre
Todo lo escurrido se lanza lejos y trafica
Todo tráfico es una turbina que nos pasa delante y recomienza

Todo recomienzo es un consumo
Todo consumo es un lugar
Todo lugar es un hueco abierto
Todo hueco abierto nos eyecta
Toda eyección nos pone en el aire
Todo el aire nos forja las entrañas
Todas las entrañas trabajan arduamente
Todo trabajo arduo es un oficio
Todo oficio es una fabricación vital
Toda fabricación vital desecha algo
Todo desecho se descompone
Toda descomposición ejecuta sus aromas 
Toda ejecución aromática transforma lo invisible  
Todo lo invisible se ingesta por otros sentidos
Todos los otros sentidos se multiplican
Todo lo multiplicado se afirma en lo imposible
Todo imposible emerge como lenguaje
Todo lenguaje es un pecíolo
Todo pecíolo es un lazo
Todo lazo diluye un sesgo
Todo sesgo es capaz de destilar sorpresas, preguntas o guerras
Toda sorpresa, toda pregunta y toda guerra se confunden
Toda confusión hace tropa
Toda tropa resiste, mata y obedece
Toda obediencia es un vacío llenado de pronto
Todo vacío llenado de pronto se indigesta
Toda indigestión puede devenir vómito
Todo vómito es una turbina que se nos acelera por dentro y recomienza.

esqueje y mareas

veo fosfenos y pienso
ellas
la ñoñitud ha perdido los estribos
se aletarga y se acelera
usa autos que no controla
con paragolpes flojos
por si el impacto llega de pronto
y no hay con qué aferrarse
ni razones para amortiguar
las pérdidas
todo lo que queda son zumbidos en la cabeza
una y otra vez
en loop
un pitido metálico

una
entrega su pelo a un señor que desconoce
que le ata dos artefactos a lo largo
y lo achura
queda para después
una parsimonia de madrugada
el oficio de acomodar lo que unas tijeras sin filo han estropeado
una y otra vez
mechón por mechón
fabricar una cúpula
un paraguas
una sanación
de dedos y manos y danzas bajo filos mejores

una fundación de mundos
regalarle
unas tijeras más punzantes
al peluquero con hambres
medio inventor de un oficio
medio actor de reparto
hacer acontecer un conjuro
que su paso por estos pelos aminore
daños futuros
hechizar es confiar
se murmura
entre labios que se miran al espejo
hilvanar los pensamientos
conocer la subsistencia de un ser
que se lanza al abismo
de hacer cosas sin saber
un vapor que experimenta
que flota y pasa las rejas/

ahora
mi sonido ambiente
esta tomado por ese altavoz
que le habla a las señoras
compro
señora
compro
el audio no es nada limpio
me recuerda a lo mecánico
a la grasa
es el sonido de lo que se empasta
como mis masas que siempre tienen
más agua de la necesaria

una
narra
intercambios sin dinero
y brotan voces y cuerpos
que se reconocen una vez
y otra
y otra
en la arena movediza
de los lazos pedagógicos
todos
te diría
contrabandear saberes es hechizar
se consigue una espacio en la tierra
se planta de nuevo y de nuevo
un lazo de amor
una aloe
una coreografía
una flexibilidad especial
unos pies que dejan de sangrar
cantar desde el techo
dejar que las lentejuelas se pierdan en la piel
sosegarse con unas sombras lejanas
habitar el esternón de tantas maneras como sea posible
/
una muela viaja a Ostende
un ojo de la cara lo sigue
es caro pero iremos
una perra rabiosa
que somos y no somos a la vez
viaja en el baúl
no sabemos porqué pero llevamos dos disco de pasta
y treinta dos vinos
es necesario alcanzar una borrachera constante y tenaz
moderada espiralada
y decimos
los hongos
probar unas curas
decir los parches no son efectivos en mi cuerpo
se ve que el vacío es todo lo que quiero construir
y yo tampoco sé cómo hablar del amor
me cuesta oír a Idea sufrir por Onetti
fabriqué un ortopedia
que me permite y no me permite sufrir
terminé sosteniendo lo que detesto
afectos frágiles y mudos
sin sobresaltos
que me permitan hacer otras cosas
trabajar sin pausas
hablar con ustedes
cocinar galletitas feas
poner una canción horrible a cualquier hora del día
dormir en soledad

unas que relatan fragmentos que forman esta imagen:
en el teatro
alguien habla desde su tumba
otros dos cuerpos vociferan desde tachos de basura
nadie sabe cómo
pero Beckett
aterriza
me duele esto
y se señala una perilla
una especie de moscardón busca estrolarse contra la luz
todas las casas se funden en las pestañas de una pantalla y se derriten
alguien va y viene
contactarse es hechizar
algo se ríe a carcajadas
no es un llanto disfrazado
es una alquimia de teclados y pociones con wifi
todo se desmutea

nos salpica el futuro
un papper se hace solo
o qué
o cómo
las hojas
y qué poesía habías dicho

una
que se quita los ojos con palabras
y muestra con la boca
yo no tengo un tapial
tengo una malla metálica hecha de abejas
ella anida en los montes que arden
los pájaros ahora buscan refugio en su casa
saben porqué
el grupo hace silencio y
oye los grillos de esa otra tierra

Ostede
¿dijiste?
si
lo dije
gugliar
la cosa arroja
obras famosas de zonas ilustres que no nos conmueven
hay que tomar ese hotel
ese pueblo de arena caliente
ocupar es hechizar
soltar a la perra del baúl
convertir las habitaciones de hotel
en una pensión para bichas
no humanas
y unas máquinas
y los calderos
seiscientos libros
música
alcohol
no hay forma de comunicar lo que pasa adentro
las palabras estallan entre sí
nadie las pronuncia
se derriten como vela
dan calor y toman otra forma
se vive de gestos
una copa y otra
una manzana verde
una hamaca paraguaya en un pasillo
olfatear el sótano donde se guardan los papeles mojados
las investigaciones de las ratas
los capítulos aburridos
del piso brota una servilleta
donde el autor de los libros más leídos de su época escribió
le robé todas las ideas
a mi hermana/

se enquistan en las paredes
y operan una acción de salvataje a escondidas
cortando un mechón de pelo
y poniéndolo en agua
para verse crecer

Cáscaras de qué

I
La sensación es la de estar siendo una mutación que carga altos niveles de ansiedad. Un espacio en el tiempo que acelera algo que estaba y lo profundiza, que destroza una a una las metáforas, que es como decir hacer estallar algo y hacerlo tremendamente presente, narrativo. No hay afuera o adentro, pasado, presente, futuro, esas palabras decantan un tipo de tonalidad del vacío. Lo mismo que decir normalidad, pero se dice, se la clasifica la nueva/la vieja, como si nada fuera lo que está siendo. Como si viniendo de algún lugar corriente llegáramos a otro. Como si la experiencia de lo vital fuera igual a decir mustio, dado, predecible, canal de televisión, pantufla, meme.
Escribo bajo el imperativo de una asfixia. Es probable que se note, más que nada porque no intento ocultarlo, sino estaría barriendo o contestando mails. Hay una asfixia desde la cual se puede tomar aire, unaw palabras que no digan casi nada, que no digan yo digo la verdad, que murmuren la ausencia.
Habito una nebulosa que sabe conjugar quietud y velocidad en casi las mismas proporciones. Y cuando digo habito no hablo de ahora, sino que de un tiempo laxo y extraño, de un espacio fragmentado y circular, digo habito y me refiero a una contundencia, a un pensamiento, a las preguntas, a algo que pretender ser mío y a la vez no (como todo).
Hay una sensación de no pertenencia del cuerpo, con todo lo que esa palabra pueda traficar. La voz, las manos, los líquidos, los horarios, las ingestas, los tobillos, el movimiento, la visión, lo que se oye, lo que toca, la respiración, la espalda, las muecas, más que nada, ya no sé qué significa tener un rostro. Hace rato eso se tornó algo elemental y cuando algo se torna elemental de manera masiva, intensa y constante algo se me angustia, algo me empieza a investigar, a “hacer ruido” (y lo digo así con toda la belleza y ferocidad que esa expresión es capaz de cargar).
Qué es una foto de la cara, qué es ese lugar donde parecemos estar y que dice ser un libro de nuestra cara, qué son las “cámaras” dispersas que apenas notamos, esas que nos pueden disponer cuadraditos en nuestras rostralidades. Y digo cámara con todo lo que ello pueda significar hoy, su poder de escanear al mundo y de conectarse a una red infinita de información y arrojar luego un resultado, una etiqueta, “una respuesta”.

II
Sería justo salvar a la palabra cámara y decirle scanner a todo aquello que reconozca cosas cuando las atrapa con su visor, eso que compone más allá de lo que vemos, eso que hace cosas que no comprendemos. La cámara es una herramienta con la que conversamos, con la que congeniar una visión, es la posibilidad de narrar un espacio, una forma, un instante, una época. La imagen es un arma, como lo son los lenguajes, es una vitalidad cultural con la potencia de hacer necrosis si la disponemos en una circulación sin pensamiento, sin reflexión, sin sensibilidad.
Sacarnos selfies con un scanner y mandarlas para que del otro lado del mundo nos miren sonreír es otra cosa y tenemos que poder nombrarlo como esa otra cosa que está siendo. Hay un abismo no dicho entre el reconocimiento facial, su potencia futura y actual, eso que hacemos con el rostro cuando nos apuntamos un dispositivo “inteligente”, y eso otro que es “sacar una foto”.
Justicia puede ser nombrar el abismo.

III
Trabajo más que nada de hablarle a una pantalla y hacer cosas después en esa misma pantalla. De pensar qué harán otras personas que reciban en sus pantallas esto que mando, mails de “oficina” y “tareas escolares” [las comillas son aleatorias, cada palabra del mundo ahora podría “cargalas”, un gran entrecomillado “global”, y cuando digo “ahora” digo “siempre” que se hable sin pasar una o más veces por el sentido de eso que queremos decir cuando decimos].
Ya lo hacía antes. Lo estoy haciendo. Las pantallas son mis grandes interlocutores. Algo me llevó al extremo absurdo de creer que mi subsistencia se corresponde más con tocar con delicadeza el espejo liso que me ofrece la pantalla. Un link, un like, un zoom, aceptar, mis dedos tocan y pasan cosas increíbles. La danza es la de un dedo que va y va y va y va y va, al infinito. Si tengo wifi o datos tengo un infinito de cosas que me esperan. En una lógica de ir hacia arriba o hacia abajo y leer, ver, escuchar. Personas que no conozco me hablan, bailan, hacen chistes, cuentan cosas que me importan, algo quiso que la belleza, el sentido y la ironía sea capturada y mediada. En la calle nadie sabe bailar, en la redes parecen ser todas personas graciosas que saben sonreír y cocinan bien, afuera nadie se habla y se cuenta un chiste.
Cuánto de nuestro encanto lo drenamos mandando un meme.
Un publicidad me ofrece una mejor vida, aprender inglés en tres segundos, un seguro para un auto que no tengo (y me río del error), hasta que llegan cosas y más cosas que si podría querer, cursos de dibujo de botánica y algo que se llama doméstica me invita a cosas, doméstica es un cuerpo disfrazado de mujer que me dice vení a este link, toca esta campanita, actívate, suscríbete, dame like. Y yo miro y pienso en todos los verbos en tono imperativo que es capaz de cargar una frase, que dilema esta cercanía. Esta señora en mi cocina mientras yo invento algo para comer y ella me ofrece dibujar unas hermosas monsteras en un papel cremita, dialogamos. Ella quizá no lo sabe pero le respondo cosas, también me río.
Soy una masa que viaja al infinito, mi cabeza parece ser capaz de eso, la imagen después es la de un cuerpo en un sillón con los ojos en blanco, con la espalda vuelta sobre sí misma, con el dedo chiquito de la mano derecha marcado por el peso del aparato total que se ha vuelto tan natural como extraño. Las pantallas parecen querer jugar a ser una prótesis eficaz y ganan. No puedo trabajar sin ellas, casi no puedo hablar con alguien sin ellas, mis piernas se entumecen y toda voz es robótica, siento que nada se oye, que nada se ve bien, siento que algo pasa y es extraño aunque esta sea en gran parte la vida que tengo desde hace años, sin esa escena cotidiana en donde tomo el 37 para ir a trabajar y todo se embotella y tantas otras cosas más que parecían existir que me resultaban igual de extrañas como habitar una hora de bondi cerca de alguien y no hablar de nada. Cómo usar la pantalla para todo, como olvidar los mapas y las calles, como una máquina recalculando, como la policía, como los canteros en medio de Corrientes, como los billetes o el débito automático.
Siento una especie de estafa gigante en las partes. ¿Vos no?

El aire del tumulto

el sonido logra pescarme
pero no es para mi el anzuelo
un silbato
dos pitidos secos
toman el aire del tumulto
toman toda la calle Corrientes
a la altura de Once

la diversidad se torna homogénea
se hace espasmo
la ley llega en forma
de cuerpo uniformado con botas y balas
como diciendo “arriba, dale”
“levanta eso ya que nos vamos”
como si la vida fuera el eterno clisé
una escena preescolar
un loop de infancia sin gracia
a guardar a guardar
cada cosa en su lugar
los cuerpos negros van en este cajón
los blancos compran ordenados
lo demás no existe/

no sé qué soy
ni qué tipo de vapores suben
detrás de ese cana hambriento
de sudores helados
de muecas de terror
de clasificación
el cuerpo se espasma y se entumece/

como en dominó
los cuerpos empiezan a actuar
unos tocados por otros
guardan
cierran
corren
levantan

el cana pisa y a su paso
las cosas desflorecen
se cierran
se aplacan
se marchitan/

el cana mira y eso alcanza
la piel oscura
mimetizada con el color de la bolsa de consorcio
que sostiene su mercadería
que ahora es replegada
como ante el ejército enemigo

qué hay detrás de un silbato
con dos pitidos que suenan en plena calle Corrientes
yo creo que no hay nada capaz de avanzar
sobre la magia anárquica del Once
pero la realidad muestra otras cosas:
cuerpos migrantes
y sonidos como puños

qué hay detrás del ruido
o detrás de un dialogo imposible
¿por qué no estás tocando el silbato
cada vez que alguien vota una legislación horrible
o recorta un sueldo
o despide en masa?
¿usted se da cuenda para qué mierda sirve su silbato
caballero?
¿lo ha notado?
o es usted es un hueco demasiado ahuecado
usted está repleto de otros adentro
¿los siente alguna vez?
no importa lo que ocurra
usted no sopla con su aire ese silbato
usted se ha tragado miles de sapos
usted es una cantidad enorme de baches
usted es quien debería agarrar sus cosas
levantarlas
quitarse ese traje horrendo
esa cáscara de matón
esa mueca de mandadero
de pichón de patrón
y empezar a vagar por el mundo
como migrante
quitarse los nombres que le han dado
olvidarse de la investidura
tornarse algo
y dejarse de joder
definitivamente
con el silbato/

Poema para quienes tuvimos que migrar y para Beatriz Mechato Flores, jubilada, mantera, nombre propio, memoria, atropellada cuando intentaba resguardar las medias que vendía en el barrio de Once del arrebato policial en marzo de este siglo voraz.

Vuelos

un cuerpo agotado vuelva sin gracia alguna
como el hastío que sucede sin más
sin poder dejar de hacerlo aunque se quisiera/
cincuenta cuerpos agotados vuelvan
como lo derretido
sobre la nada
el avión se atrasó cuatro horas
y nada nos deja más horribles
nada como abordar con los hombros caídos
con el cuerpo lleno de parquet y de tierra
de ojeras y soplidos multplicados/

somos lo horrendo
pienso
mientras el avión sube y va
y todo nos cuesta
más que el dólar
como si las turbinas dependieran
de nuestra angustia
de nuestras pocas ganas de vivir
o de todo eso que llamamos trabajo

Vuelo marica

nada de lo humano sucederá con tanta belleza
como ese azafato marica que se para firme
dentro de la primera clase
mirando hacia todo lo demás que inicia allí
las diferencias
con sus dedos en finos movimientos
destraba las cortinas de tela
las recorre como si fueran algodones premium
o las sedas raras
pero no son más que un pedazo de tela
mustio
áspero
gris intenso
que separa lo que una clase
come
sabe
ve
hace
de la otra/
centímetro
a centímetro
delicadamente
abarca con amor ese velo que inicia en ese acto
las palmas bajan lento
incluso con sensualidad
por fuera del azafato
me pierdo de todo/
soy eso
la tela
los dedos
la delicadeza que el mundo puede merecer
deslizarse
hacer de cada acto mundano
una coreografía poética
un ritmo profundo
una especie de oda divina a la pausa
al recorrido
a lo vital.

mudanza

no supe nada
solo me aislé
dije que lo iba a pensar
mentí
me sale bien
y eso me gusta/
cuando duele mucho
se me atoran cosas
y me confundo
trato de no dirimir desde la emoción
y es lo único que tengo
entonces no activo
ni salto ni nada
le pido un tiempo a los subtes
entonces
me pasan por arriba/
llamo a la ciudad en la que vivo
pienso en decirle
no puedo seguir nunca tu ritmo
deberías esperarme al fondo del pasillo

da ocupado
me habla la voz de mujer que pide
que dejemos mensajes después de las señales
corto antes de que sea demasiado tarde
respiro
pienso en Piglia
yo
las sensaciones
tantos peces en el hielo/

dejo de ponerme perfume
me siento mejor
nadie se me acerca
me gusta
porque entonces
no me hace falta mentir
sonrío
y me paro en las vías
el subte se acerca y digo
me gustaría dejar de hacer
lo que mejor me enseñaron
lo que ya no puedo apagar
lo que mejor aprendí
hablarles

Menos qué

la ilusión
un tipo de trivialidad victoreada
como si lo frívolo fuera la moneda de cambio
justa
precisa
deseada/

un precipitar hacia lo mustio
sin precariedad
olvida todo
orbita la inercia
gana espacios entre lo horrible
dice que todo esta bien
que se juegan las cabezas y los ganados
que nada angustia
que el mundo arranca
porque hay semáforos que sirven para pautar
el movimiento que intentamos ser

nada grita
nada murmura
todo da igual
se hace una especie de silencio lleno de ruido
se carcome
se espera poder roer a fondo
todo funciona
menos
el pensamiento

Restos

cada vez más caníbal
cada vez más frecuente
algo se posa y no chilla
el silencio es capaz de encender la verdad
ahora corre
me mira
y me atrapa/
hay
otro cuerpo sobre mi cuerpo
me come
me descorre cosas
y me descuartiza
mancha sus manos
sus dientes
los hombros/
me come
y un espanto
mudo
me atrapa/
aturdirse es igual a no oír más que un silbido
extraño y agudo
adentro de la cabeza/
algo me late
y tengo temor
pero ya no soy más que eso
un pedazo de carne que algo más devoró
dejando los restos en cualquier lugar